Alimentación

Cómo evitar que alimentos transgénicos lleguen a tu mesa

Los alimentos transgénicos están ganando terreno en las estanterías de nuestros supermercados. Ocultos tras etiquetas difíciles de interpretar o escondidos tras diferentes aditivos, es fácil que pasen desapercibidos y que acaben en tu mesa.

¿Sabes qué hacer para detectarlos y evitarlos?

En nuestro anterior post sobre los organismos manipulados genéticamente (OMG) analizábamos los peligros para la salud, la biodiversidad o incluso para la economía mundial, que estos pueden suponer.

Si por ello has decidido que quieres evitar que los alimentos transgénicos se cuelen en tu cesta de la compra, el primer paso es saber qué tipo de cultivos genéticamente modificados pueden encontrarse en el mercado.

Cultivos transgénicos autorizados

Aunque existen diferentes proyectos experimentales en marcha, actualmente sólo se cultivan a escala comercial cuatro tipos de vegetales transgénicos: maíz, soja, colza y algodón.

Los tres primeros son para uso alimentario, por lo que debemos extremar la precaución en aquellos productos que los contengan.

En España no es común encontrar alimentos derivados de la colza en los supermercados. Sin embargo, el llamado aceite de canola (obtenido a partir de las semillas de la colza) es muy popular en el continente americano.

La trampa del etiquetado de los alimentos transgénicos

La legislación europea exige que todos los alimentos transgénicos se identifiquen como tales en su etiquetado. Sin embargo, están exentos de esta regulación los productos cuyo porcentaje en OMG no supere el 0,9%.

No obstante, análisis realizados por la ONG Greenpeace encontraron productos con porcentajes muy superiores a los límites legales, sin que lo mencionara. Esto quiere decir que la normativa se incumple frecuentemente.

Greenpeace publica también la guía roja y verde sobre alimentos transgénicos, donde ofrece información sobre el contenido en OMG en algunas de las principales marcas.

No obstante, esta información no es del todo fiable, puesto que no está muy actualizada y se basa principalmente en informaciones facilitadas por los propios fabricantes.

En la parte positiva, algunas empresas que comercializan productos de maíz y soja han empezado a incluir en sus etiquetas una mención de que están elaborados sin OMG.

Aditivos sospechosos

Como visto anteriormente, es frecuente que nos encontremos con alimentos transgénicos que no están debidamente etiquetados o que se encuentran por debajo de los máximos legalmente permitidos.

En estos casos, es importante que aprendas a detectar los aditivos que se derivan del maíz, la colza o la soja y que podrían ser de origen transgénico.

Debes prestar atención especial a los siguientes:

  • Almidón
  • Aceites o grasas vegetales (si se indica que proceden del maíz, la soja o la canola o no se especifica de qué tipo de grasa se trata).
  • Ácidos grasos.
  • Emulgentes, especialmente los siguientes: E470, E471, E472, E473, E475 y E477.
  • Endulzantes derivados de féculas (caramelo, dextrosa, fructosa, glucosa, grits, isomaltosa, jarabe de glucosa, maltodextrosa, maltodextrina, sorbitol (E-420).
  • Harina de maíz o de soja.
  • Lecitina de soja o de girasol (E322).
  • Proteína de soja.
  • Sémola de maíz o de soja.

Para averiguar más sobre la composición de estos productos, recomendamos esta interesante Web sobre aditivos alimentarios.

Alimentación animal: la puerta de atrás de los alimentos transgénicos

La inmensa mayoría de los OMG que se cultivan en el mundo se destinan a la fabricación de piensos para alimentación animal. Su uso en la ganadería está muy extendido.

Por ello, una gran parte de la carne que se comercializa procede de animales alimentados con transgénicos. Esto, sin embargo, no tiene que indicarse en el etiquetado.

Alimentos ecológicos libres de transgénicos

Una buena opción para evitar los alimentos transgénicos es comprar productos ecológicos. Su sello de certificación les exige que todos sus ingredientes procedan de la agricultura biológica.

Es decir, deben estar cultivados de forma sostenible y sin pesticidas químicos. También deben estar 100% libres de OMG.

Esto se hace extensible a la carne ecológica. Para obtener la certificación los animales sólo pueden alimentarse con piensos ecológicos.

De este modo, siempre que adquieras productos con el sello ecológico, tendrás asegurado que no se trata de alimentos transgénicos.

Consideraciones finales

Resulta realmente complicado detectar los alimentos transgénicos únicamente a través de su etiquetado. Por ello, te recomendamos las siguientes estrategias:

    • Evita en la medida de lo posible los productos procesados, con muchos aditivos. Además de no ser sanos, podrían contener OMG.

 

    • Cuando compres productos cárnicos o derivados de la soja, el maíz o la colza, intenta que sean ecológicos. Si esto no es posible, al menos procura elegir aquellos que indiquen claramente en la etiqueta que son de origen no transgénico.

 

  • Si no tienes más remedio que comprar un producto convencional de alto riesgo, analiza cuidadosamente los aditivos que lleva, descartando aquellos que incluyan ingredientes sospechosos.

Con estas tácticas, deberías de ser capaz de evitar que alimentos transgénicos lleguen a tu mesa. Estarás además haciendo una apuesta por la biodiversidad y la justicia alimentaria en nuestro planeta.

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